No hablemos más de estas cosas porque se nos corta la alegría
Por Alejandra Guarín Téllez * En Colombia no puede desvincularse la violencia del ánimo fiestero. Recuerdo, por ejemplo, el puertotejadazo de 1948: conocida la noticia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, los liberales asesinaron a algunos conservadores notables y usaron sus cabezas como balones de fútbol. También me viene a la memoria el sonido de las chirimías y las gaitas que resonaron en El Salado en febrero del 2000, para ahogar los gritos de las víctimas y amenizar un baile en una tierra empapada de sangre. Los hijos de la fiesta (2016), de Andrés Hoyos, surge a partir de una reflexión sobre esa relación indisoluble. En la novela convergen dos líneas narrativas que abarcan el período comprendido entre el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y los comienzos del llamado Proceso 8000. Se trata, sin duda, de la historia de la generación de Hoyos y de una clase social de la que tal vez no se sienta parte, pero a la que ha debido acercarse por diferentes motivos. Un ...