El poema de la guerra

El Poema de la Guerra




Publicada en 1962, La Casa Grande, novela de Álvaro Cepeda Samudio, es, sino la mejor, una de las integrantes del exclusivo grupo de las obras que han logrado conmover al lector con su descripción de la violencia colombiana, sin la necesidad de recurrir al cliché. Teniendo en cuenta el gran número de obras que componen la literatura nacional, debemos resaltar que la mayoría de ellas han trabajado de alguna forma el problema de la violencia; algunas veces ésta llega a la narración como excusa para desarrollar un argumento del autor, pero ha estado muy presente en nuestro entorno literario. Sin embargo Álvaro cruzó la raya, se habían escrito grandes obras de la violencia, pero de ésta manera tan majestuosa, conmovedora e impactante… sólo Álvaro es dueño de tal honor. Son sólo diez capítulos y 167 paginas en la edición de Panamericana, y desde la primera hoja hasta la última, se logra el impacto de una propuesta narrativa que rompe con todos los esquemas de la novela colombiana; quizás el fluir de la conciencia que se logra con algunos personajes desborda la posibilidad lectora y se hace necesaria una lectura cuidadosa; pero quien al llegar al final del primer capitulo no sienta el dolor de la guerra, el dolor de la matanza, (aunque no lloré, como en mi caso) entonces es porque ha visto demasiado de la guerra, hasta el punto de que el corazón se le ha helado.
Se trata de la historia de la matanza de las bananeras, un tópico inagotable, ya tratado por nuestro Nóbel García Márquez y por otros muchos, en la obra del Nóbel es una referencia temporal, y un fragmento más de su magnifica obra Cien Años de Soledad, sin embargo en el caso de La Casa Grande vemos el problema centrados desde todos los puntos de vista posibles. El dueño de las bananeras, los soldados que perpetuaran la masacre, el pueblo y hasta los hijos herederos de la “gran” empresa. Gracias a la narración se puede escuchar esa pluri-vocalidad del texto, donde se reconocen perfectamente las voces de cada actor de la fatal escena de la historia colombiana. Éste trabajo es realizado por el autor sin imponer ningún velo ni querer tildar a unos de malos y a otros de buenos; simplemente son los hechos tal como acaecieron imaginándose por supuesto lo que pasaba en el pensamiento de cada individuo que está comprendido dentro de la historia. La propuesta narrativa comprende la exploración de todo tipo de narradores que pasan por la tercera persona principalmente y comprenden la primera y segunda en otras partes del texto, la manera de narrar se da de manera fluida, creando atmósferas con olores y colores de una calidad preciosa. La narración se presta hasta para leer el decreto por el cual se declaraban “cuadrilla de malhechores, incendiarios y asesinos” a todos los campesinos que apoyaban el paro. Lentamente la hilaridad de los testimonios nos va llevando a las razones de la revolución, los hechos, sus incitadores y las repercusiones históricas del hecho. Se trata de una forma narrativa fiel a la historia (me refiero, por supuesto al hecho como tal) que se debe a que Álvaro Cepeda Samudio fuera periodista a lo largo de toda su vida.
Hay un elemento que me parece interesante, y que precisa de ser relatado en esta breve reseña sobre la obra, y es la cercanía al guión televisivo o hasta quizás a una obra de teatro. Me imaginaba, cuando la leía, estar asistiendo a una obra de teatro del absurdo, especialmente durante el primer capitulo sobre los soldados. A mi juicio, por su forma narrativa y su temática, esta obra tendrá que ser llevada al cine en algún momento de la historia. Por supuesto la adaptación de la novela no será muy difícil, pues es tan clara como una película pero tan profunda como si se tratase de un poema de la guerra.
La narración llega a nosotros sin una bala, pero con numerosos muertos, sin pólvora, pero con litros de sangre; no se trata de la narración morbosa, pareciera una relatoría de un periodista que puede entrar en las mentes de los sujetos y narrar desde allí.
Las innumerables conciencias tiene una creación perfecta, cada personaje es ese personaje y ello funciona de manera perfecta al momento de dar cuenta de una guerra. Por otro lado la narración está llena de frases abrumadoras, que desconciertan y conmueven al lector, tales cómo:
· “Mi hermana ha muerto esta mañana”.
· “Todavía no eran la muerte…”.
· “Nosotros escogimos el miedo para el padre y tu escogiste el cariño”.
· “No tienes tiempo para comenzar otra vez”.
· “La muchacha: Josefa me lo dijo.
El padre: que te dijo.
La muchacha: que lo iban a matar.”
Así mismo podría enumerar cientos de ejemplos, pues la narración se construye en función de tocar al lector; golpearlo con la realidad, hasta entender la violencia en su esencia más profunda.
Definitivamente si buscan una buena novela sobre la violencia, una reflexión seria sobre ésta y sobre un hecho histórico, todo ello creado además de manera magistral con una increíble propuesta narrativa, La Casa Grande de Álvaro Cepeda Samudio es la novela indicada; de paso, pueden tener casi garantizado el éxito de la lectura, pues es un libro que sobrevive al gran juez: el tiempo, y llega con muy buena reputación hasta nuestro presente.

Johnatan A. Marín G.
Estudiante de Literatura
Universidad Nacional
Septiembre de 2008

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