La multitud errante y las nuevas historias de amor


Restrepo, Laura. La multitud errante. Editorial Planeta Bogotá: 2001, 138 págs.

Por Ivonne Andrea Alonso M.


"¿Cómo puedo yo decirle que nunca la va a encontrar, si ha gastado la vida buscándola?" Con esta pregunta reflexiva comienza La multitud errante (2001) de la escritora colombiana Laura Restrepo. De entrada, se puede pensar en un panorama romanticón que tal vez me hizo preocupar por el haberme encontrado con una novela medio rosa; pero, para mi sorpresa, cada página de la obra me demostró lo contrario. Puedo entrar en confesiones baratas de esas que hacen los lectores convencionales con aires de intelectual desinteresado: que la obra llego por azar, que las bibliotecas, que la academia, que no conocía nada de la escritora, que me la recomendaron y de tanta insistidera la leí. Pero entre tanta palabrería, si mi caso fue así o no, a ustedes no les importa, ya me la leí y me gustó.

Tal vez parezca un juicio muy rápido para el pesar de algunos, pero no me quiero quedar sin decir que, aunque este libro parece una deuda pendiente con ella misma, Laura Restrepo consiguió dejarme al final un buen sabor de boca, cosa que hace mucho no encontraba en un libro de literatura contemporánea.

El libro muestra rojos y azules, violencia, amenazas, muertes, y aún así no me presenta ningún tipo de literatura porno-sicarial de esa que gusta tanto a los de ahora; y que hasta novelas les sacan. Acá una mujer pone a todo un país en los caminos que desembocan en un albergue de refugiados de la violencia, esa es Laura Restrepo y ese el escenario de un intenso triángulo de amores contenidos, cuyos protagonistas son suavemente individualizados para llevar al lector a vivir el drama colectivo del desplazamiento forzado. La multitud errante es de esas obras que hablan de la ley fatal que ha llevado al hombre del presente a obsesionarse por la reconquista de un paraíso del cual ha sido expulsado una y otra vez; pero aún y con la verdad que se cuenta hay más cosas por mirar. Por ejemplo a un protagonista, Siente por Tres (llamado así por tener seis dedos en un pie), quien, aún envuelto en la guerra y en la ingenuidad del pasado sin memoria, logra tener esperanza, amar y enamorar.

Éste, que de niño fue adoptado por una lavandera, Matilde Lina, se dedica a buscarla después de perderse de su lado; entre tanta errancia y tantos caminos, llega a un albergue atendido por monjas francesas y por una chica estudiante de algo así como Filosofía y Letras, la cual terminara siendo nuestra narradora-enamorada.

Me pareció increíble encontrarme en pleno siglo XXI con una novela colombiana que aún rescatara tan delicadamente el tema del amor. Un poco gastado, por supuesto, pero qué más se espera si andamos en guerra desde hace tanto tiempo. Aún así toda una intriga amorosa es parida a flor de piel: deseo, obsesión, celos, y el sueño de encontrar eso que un tal Milton llamaría el Paraíso Perdido, que Restrepo, en este caso, y en la voz de la narradora-enamorada, nos presentaría sólo unas cuantas páginas antes del final: “No es a Matilde a quien quieres encontrar, Matilde Lina es sólo un nombre que le has dado a todo lo que buscas”… Y sólo por volverme a tropezar con frases como éstas me repetiría el libro y cuantos más me vayan pareciendo en el camino; o por lo menos así será mientras esta escritora no pretenda convertirse en una Isabel Allende.

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