Orejas de pescado



Orrantia, Marta. Orejas de Pescado. Bogotá: Planeta, 2009. 206 págs.

Por Ivonne Andrea Alonso M.

Desde no hace mucho, he estado leyendo literatura de escritoras latinoamericanas que, entre los años treinta y ochenta, generaron una producción literaria significativa en cuanto a su sentir de lo social, lo íntimo y lo femenino. Con este mismo interés me acerqué a Marta Orrantia, esperando toparme con una mujer que lograra hacerme oír una voz propia, un sentido particular y una visión de mundo, por qué no decirlo, original y contemporánea. Pero me he encontrado con que entre la fundación de la revista Rolling Stone y la creación de Jet Set y Gatopardo, esta periodista aún no sabe si escribir para ella o para la sociedad mediática en la que se ha movido toda su vida.

Orejas de Pescado es su primera novela y por eso mismo no me intereso en presentar un juicio categórico ante su forma de escritura o su interés por evidenciar —en una voz muy común para mi gusto— la fragmentación y la decadencia de esta sociedad que ya no distingue la mierda de la mantequilla.

Ésta resulta ser una historia marcada por el sexo, la música y la muerte; un hombre de treinta años, David, que al suicidarse abre puertas que se creían cerradas para un grupo de viejos amigos que desde hace muchos años buscan desligarse de esa amistad, y a su vez de ese mundo en común que los lleva a ser lo que son: hombres y mujeres normales, tan normales que se hacen poco interesantes ante el lector.

Al parecer, en una búsqueda de naturalidad, Marta Orrantia raya el sentido de la cotidianidad; entre monólogos interiores, diálogos, situaciones nuevamente normales, esta escritora parece negarse a todo sentido de agilidad narrativa. Todo lo cuenta en apartes que tienen los nombres de los personajes, mencionando una y otra vez sus situaciones a la vez que no se salen de los lugares comunes, que en esta novela no aportan nada, y de las imágenes obvias.

A pesar de la estrecha relación del protagonista con el alcohol, la rumba y las drogas, no sé en qué punto algún lector pueda responder a esta novela; yo no lo hice, de hecho me sentí lejos de esa sensación de persuasión que me han producido otras novelas de la última década, también escritas por mujeres latinoamericanas.

Orejas de pescado resulta tener un tono juvenil, donde temas como el sexo se enuncian desde una voz poco madura… definitivamente así es, pesadamente juvenil.

Antes de dejar la opinión de esta lectura desde mi perspectiva, llego al punto donde reconoceré que entre todo y los tropiezos que tuve como lectora, sí, encontré dos aciertos en esas 206 páginas: el primero está entre el ritmo de algunas frases y los “capítulos–personaje” tan cortos, la lectura resulta ser rápida, y hace que el pasar de las páginas se haga igualmente con bastante fluidez; pero, de ahí en adelante, no más. Esto no hace de Orrantia una buena novelista, ni su estilo algo único, y mucho menos hace de su obra una buena novela para recomendar.

De esta última aseveración nace el segundo acierto de la novela: Marta Orrantia pone al lector crítico, en la difícil tarea de tratar de explicar por qué algo no le gusta. Por esto, y aún con la mezcla ingenua de bohemia modernista, hay que dejar abierto un espacio para los que no han leído el libro; tal vez entre tanto lector rockero contemporáneo alguno sí disfrute la lectura, las eternas descripciones en cursiva, los baratos tragos amargos de los personajes y hasta la portada, que si no es por el bourbon liqueur, parecería la de un libro pirateado.

Comentarios

Jjdm65 dijo…
Usted es un genio, así se opina y se guía a los lectores para que no pierdan el tiempo con BASURA.

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