La palabra silenciosa

Sobre La ruidosa marcha de los mudos de Juan Álvarez
Por: Natalia Martínez C



Corre la voz por entre las calles, las casas y las cabelleras. Corre la palabra pronunciada, retumba en el tímpano y va a parar a la mente donde anida la palabra silenciosa y sale expulsado algún clamor, quejido o grito de dolor. La voz de los próceres, los caudillos y los líderes es ostentosa y poderosa pero necesita de un medio que la propague. Tal vez hoy ese medio sean principalmente los medios de comunicación. Antes, en los años de la Independencia, el medio más propicio era el voz a voz, la tertulia, el cuchicheo, el chisme, la boca muy cerca del oído. La ruidosa marcha de los mudos (2015) de Juan Álvarez es una novela sobre el papel de la palabra en los años de la Independencia colombiana.

La novela, al dialogar con archivo del diario de José María Caballero Llanos,  construye su personaje principal -quien es un testigo atónito de aquellos años (1810-1817)- utilizando un lenguaje que va y viene entre un español de principios del siglo XIX y uno contemporáneo. Es un testigo mudo que ayudó a transportar información escrita entre independentistas pero también presenció cómo la revolución iba permeando las masas, incluyéndolas y excluyéndolas según le conviniese a la élite criolla sublevada. Caballero Llanos, el personaje novelesco, perdió el habla en un accidente con una mula en su juventud y desde entonces otros sentidos se avivaron: la vista detallada y el oído aguzado. Pero es sólo hasta que aprende a escribir que empieza a cargar una libreta donde anota lo que quiere o necesita expresar y más adelante escribe también sus pensamientos sobre lo que está ocurriendo, sus intentos de entender el caos que presencia.

La libreta, su diario personal y su canal de comunicación, se convertirá en un documento importante pues luego Francisco José de Caldas le arrancará veinte páginas que escribe durante los primeros días de la revolución. Le dice “Su contribución a la patria, mudo querido. Habrá que reconstruir la historia gloriosa de los hechos del veinte de julio.” (Álvarez, 2015, p.127) A Caballero Llanos este acto lo llena de furia. Tal vez siente que le han arrancado algo muy personal, muy suyo, su diario, su palabra producida, pensada, escrita. Así, se revela también la labor de la palabra escrita, no solamente durante este periodo histórico, sino en general. Escribir implica crear, pensar, analizar, reflexionar. Al escribir, Caballero Llanos se va creando una identidad propia, una autonomía, un pensamiento crítico, una posición ética y estética. Su lenguaje se va acercando a la poesía, una poesía cruda, crítica. “Los mismos nuestros son los peores y nadie es la patria.” (Álvarez, 2015, p.212)  La primera parte es del diario original de Caballero Llanos el personaje histórico, la segunda del personaje novelesco. El documento histórico se junta con la creación ficcional y emana de allí una sensibilidad crítica y poética.

Tras observar el desfase entre la revolución de la élite criolla y la revolución del resto de la población, que tan heterogénea era, el protagonista es capaz de ser crítico frente a ese proceso y frente a sí mismo. Adentro nuestro, parece decir, está el enemigo y nuestra patria está cimentada en el hecho de que siempre fuimos enemigos de nosotros mismos y cualquier golpe que diéramos hacia el frente nos lo estábamos dando por la espalda.

La ruidosa marcha de los mudos es una novela sobre la palabra, la palabra que anida y que necesita ser expulsada para no morir, la palabra propia que necesita escucharse en los labios de otro y la palabra histórica anquilosada que necesita volver a ser presente, volver a correr.

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Álvarez, J. (2015). La ruidosa marcha de los mudos. Bogotá: Seix Barral.

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