Las mujeres en la obra de Piedad Bonnett

"Siempre fue invierno" de Piedad Bonnett.
Por: Diana Marcela Rodríguez Núñez.


“Es imposible eludir la condición de género”
Piedad Bonnett.


A partir de esta frase, que dijo Piedad Bonnett en una de las pasadas Ferias del Libro de Bogotá, en donde hizo gran énfasis en que tanto en la escritura como en la vida diaria es imposible separarse de esa condición de género que nos ha sido dada, podemos entender quizá un poco mejor el porqué de las construcciones tan similares que hace de las mujeres en sus novelas.


Todas las mujeres en las novelas de Piedad Bonnet expresan de algún modo un deseo de nacer de nuevo, de cambiar la vida que han llevado hasta ahora, de escapar de una relación amorosa que les impide su libertad, o bien, de ir en busca de otra u otras que les llenen ese vacío que ha dejado la primera. Todas están insatisfechas; todas buscan erotismo, nuevas experiencias, amor, juventud, libertad, seguridad… En Para otros es el cielo, por ejemplo, vemos cómo Irene y Silvia, esposa y amante de Alvar han dejado todo a un lado en sus vidas por seguirlo a él. Ahora, después de su muerte, deben reconstruir sus horizontes completamente y en ese proceso se sienten desorientadas. Es ahí en donde se da el conflicto. En Después de yodo, una artista, después del fracaso de su primer matrimonio, intenta ser feliz. Da un giro de 360 grados a su vida y busca dejar de ser la mujer perfeccionista y sicorígida que ha sido hasta el momento, cambiando completamente. Tanto, que se siente tentada a tener una relación lésbica con una mujer que es su total opuesto: libre, relajada, feliz.

En Siempre fue invierno, Franca, la protagonista, tras haber escapado de un matrimonio infernal, se refugia en una vida de bohemia, alcohol, sexo y drogas, creyendo que allí va a encontrar la libertad perdida durante años. Va de bar en bar, de cama en cama, de aventura en aventura y termina en una relación enfermiza con un hombre que desea asesinarla, dándole pequeñas dosis de mercurio.


En eso reside el conflicto y, aunque puede ser un conflicto completamente desgarrador y profundo el hecho de enfrentarse a un fracaso amoroso cuando se ha puesto todo, incluso la propia vida, los sueños, la libertad y las ambiciones, considero que Piedad Bonnett se queda un poco corta. Los conflictos de estas mujeres se limitan al plano amoroso: no hay nada más en su vida, se acaba el amor -lo que ellas entienden por amor- y se acaba ésta enteramente. Los hombres, entonces, son vistos como los malos. No hay matices. Las mujeres son (la mayoría de las veces) simples objetos frágiles, seres indefensos que se ven en la más completa soledad cuando sus maridos las abandonan o las golpean, o no las satisfacen en la cama. Y deben empezar de cero.


En la misma entrevista que mencioné al comienzo de este pequeño texto, Bonnett dice que "ser mujer implica una experiencia del mundo muy distinta de la del hombre, que abarca desde los condicionamientos de su cuerpo, hasta la naturaleza de sus temores". Sin duda es cierto, pero eso no significa que la vida de una de nosotras gire únicamente en torno a un romance y que a partir de allí se construya lo demás. La propuesta es interesante (la de retratar el mundo femenino y sus conflictos) pero considero que se queda en mostar un único plano de lo que puede ser la vida de una mujer. ¿En dónde quedan las inquietudes, profesionales, intelectuales, existenciales de una mujer? En las novelas de Piedad Bonnet están presentes, pero se derivan simplemente de un fracaso en el amor. Antes no aparecen. Y sí, es imposible eludir la condición de género, pero el mundo real no sé da en blanco y negro, como en las novelas de Bonnett en donde los malos son los hombres y la pobre doliente, la mujer.

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