Literatura, historia y desmitificación en El arpa y la sombra de Alejo Carpentier



Por Jacobo Centanaro



“Aquí yace: polvo, ceniza, nada” son algunas de las palabras que recuerda el Almirante Cristóbal Colón, tendido en su lecho de muerte, mientras hace un recuento de su vida esperando la llegada del confesor. Unas pocas páginas más atrás, el papa PÍo IX rememora su viaje a América sentado frente al folio que ha de firmar para autorizar la canonización por “vía extraordinaria” del mismo Cristóbal Colón. Es innegable que la figura del Almirante estará siempre asociada a la historia de nuestro continente, pero desde su llegada en 1492 hasta nuestros días, ¿cuántas turbulencias y vicisitudes sucedieron? Del hombre al santo, ¿cuánta distancia?

Estas son algunas de las preguntas que explora Alejo Carpentier en su última novela titulada El arpa y la sombra. Por esto, es quizá una de las novelas de este autor que de manera más fascinante pone en tensióin múltiples discursos sobre la construcción histórica y mítica del continente americano. El eje alrededor del cual se articula todo el texto es la figura del almirante Cristóbal Colón, personaje central en la historia de occidente que ha sido interpretado de diversas maneras a lo largo de los siglos. Pero lo particular de esta novela es que ofrece un contraste muy acentuado entre la figura de un Colón a punto de morir que cuenta su propia historia y la figura mítica que siglos después se construiría de él para beatificarlo, llamando la atención sobre la construcción histórica y cultural de la figura del Almirante. La humanización y desmitificación del personaje Colón, llevada a cabo pro Carpentier en esta novela, es cabal en la medida en que presenta a un individuo complejo lleno de matices y contradicciones, de miedo y dudas, lejos de una idealización o difamación simplista de su personalidad.

Además, a través de la figura del papa Pío IX, Carpentier nos sitúa en los turbulentos momentos que se vivían en América tras la época de las independencias, y muestra la manera en que unas sociedades muy diversas con un innegable pasado colonial se debatían por encontrar el mejor camino para su desarrollo individual como naciones. El proyecto de canonización del Almirante pone en juego la pregunta por la identidad de las nuevas naciones americanas y sitúa al lector en un contexto de ideas en ebullición tras las guerras napoleónicas, que el autor logra representar con admirable destreza y erudición. Y, por si fuera poco, la novela está llena de anécdotas curiosas: el momento en que Colón halló una sentencia profética de su vida en el Medea de Séneca, el supuesto viaje que hizo a Islandia donde supo que los vikingos tenían noticia de un continente inmenso del otro lado del Atlántico, entre muchas otras, las cuales sirven para mostrarnos a un individuo lleno de experiencias y lecturas que fue interpretando lo que iba encontrando, cometiendo errores como cualquier humano. El personaje de Colón ve su pasado como un laberinto difícil de solucionar y, a veces, expresa dudas en relación con sus propias motivaciones, por lo que tenemos la sensación de estar ante un individuo de carne y hueso con todos sus misteriosos claroscuros.

Alejo Carpentier
El arpa y la sombra es una novela con una estructura notable en la que Carpentier juega con la coexistencia de varios tiempos al interior del relato: la época de Colón, el siglo XIX, los recuerdos de los personajes y, por supuesto, el presente del autor. Además, demuestra que la invención literaria tiene un poder avasallante sobre la invención histórica pues puede adentrarse en los actores y fabricantes mismos de la historia que, al fin y al cabo, son hombres como todos los demás. La novela pone en escena, a través de la figura de Colón y sus múltiples facetas, un cuestionamiento sobre la representación de la realidad a través de la literatura, sobre el carácter del discurso histórico y sobre la relación del individuo con el mundo que lo rodea y en el cual está inmerso como todos los demás: “(…) Había que describir esa tierra nueva. Pero, al tratar de hacerlo, me hallé ante la perplejidad de quien tiene que nombrar cosas totalmente distintas de todas las conocidas – cosas que deben tener nombres, pues nada que no tenga nombre puede ser imaginado –, mas esos nombres me eran ignorados y no era yo un nuevo Adán, escogido por su Creador, para poner nombres a las cosas”.
                                                                                                   
Carpentier, A., (1978). El arpa y la sombra. Editorial Letras Cubanas.

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