ANDO BUSCANDO LA SALVACIÓN


Mala Onda

Alberto Fuguet


Por: Juan Camilo Gómez Barrera

Alberto Fuguet nació en Santiago de Chile en el año 1964. Pese al hecho de que estudio Sociología y Periodismo en su ciudad natal, es escritor, director y guionista de cine. Puedo agregar, con una frase un poco, mucho quizá, rimbombante, que es uno de los escritores más reconocidos de la literatura, no sólo chilena, sino latinoamericana.
Bueno, pero por qué, enjuiciará el lector mi frase. Varias pueden ser las razone: porque ha logrado vender, porque sus novelas son buenas, porque escribe bonito, porque es reconocido, porque para algunos y algunas, es atractivo físicamente etc. Sin embargo, en esta reseña que estoy intentando esbozar, me interesa resaltar y posicionarlo, como escritor, en un lugar histórico del proceso de creación literaria.
En esa medida, quiero un poco de participación del lector. Si yo pregunto un escritor latinoamericano reconocido, muchos pensarán en Gabriel García Márquez, otros, un poco más selectos, en Juan Rulfo, en Cortázar, en Borges, en Vargas Llosa, etc. No estoy asumiendo que todos vayan a contestar lo mismo, quizá algunos piensen en otros, pero si la encuesta fuera realizada a diferentes lectores y públicos, entre leídos y no leídos, dichos autores estarían en las primeras casillas de la lista. Esto indica un hecho, si bien no justo, comprobable: que la literatura de mediados de los 60° y70°marcó no sólo una etapa importante en la escritura literaria latinoamericana, al lograr vender y consolidar un mercado editorial, sino que, por otro, marcar a los escritores latinoamericanos en unos “prototipos” tanto de escritores como de literaturas.
Si volviera a preguntar un movimiento literario latinoamericano, la respuesta más común sería… el “Realismo mágico”. Dicho, ¿movimiento literario? ¿Movimiento editorial?, marcó indeleblemente una huella, unos temas, unos personajes, unos espacios, unos, etc. en los escritores posteriores a aquel movimiento. Para algunos, es un estigma, una cruz de la cual deben liberarse, una puerta, no abierta, sino cerrada en la medida en que ha cerrado las posibilidades de escritura.
En esta problemática se inscribe Fuguet. Quiere separarse de dicho círculo, cerrado en sí. Así por lo menos lo expresa en el manifiesto McOndo en donde dice que su literatura no está anclada en eso “exótico” que quería mostrar la literatura y los lectores, extranjeros más que nativos, del realismo mágico, sino que está parada en una ciudad, Santiago, México, Caracas, Lima, Bogotá, que se comporta como toda una metrópoli, al mejor estilo de New York, Paris, Londres, Madrid.
Decir lo anterior, quiere decir: mi literatura presenta los conflictos que toda gran ciudad del mundo presenta. También: la idealización de lo exótico no aplica para ninguno de los escritores surgidos en las grandes ciudades latinoamericanas. La globalización ha borrado las diferencias.
Y en correlación a ello, escribe Mala onda. Por lo tanto, su personaje central, ya no es un Aureliano Buendía, o alguno de la saga, sino un muchacho, tosco, inconforme pero mediocre, abusivo, apagado, sin ganas de vivir, que busca, como lo dice en alguna parte, una salvación. Es quizá, si se atribuye un poco sin pensar en equivocaciones, una metáfora de una generación de jóvenes maltratados por esa fe en la literatura de los 60° y 70°, en la vida, en la revolución, en el arte, en la familia, en todo, que quieren desprenderse de ese mundo “idealizado” y que por lo tanto se arrastran entre las drogas y el alcohol, en un mundo en donde todos los valores de la Modernidad, la familia, la sociedad, el Estado, la política, Dios, todo… están perdidos y sólo quedan como recuerdos pasajeros.
Igualmente, puede ser una metáfora del estado actual de la literatura, la cual, no quiere idealizaciones. Está untada de mundanidad, de urbe, de esmog, de basura, de muerte, de drogas, y por lo tanto, debe surgir así, sin mayores proyecciones: sin famas, sin estrellas, sin aureolas.
Matías Vicuña, personaje de Mala Onda, debe enfrentar a una serie de malos momentos de su vida. De una vida que está en formación y que no tiene una guía espiritual, al mejor estilo de Dante, sino que, aquí, Virgilio o su padre, está condenado al infierno, y tampoco guía al joven Dante, sino que los dos van drogados en la barca, perdidos en alguno de los círculos del infierno sin saben cómo escapar. Beatriz es apenas una chica brasileña que se acuesta sin preámbulos con cualquiera o una muchacha que no le para bolas.
En conclusión, está es una novela que, a mi parecer, logra desarticular un mito viviente, un García Márquez y un Vargas Llosa, un Realismo Mágico que intentó mostrar la realidad y la literatura, como idealizaciones impolutas. Lo arrastra por el suelo, lo hace drogarse y emborracharse hasta más no poder, para demostrarle así, no tanto a éste sino a sus lectores, por un lado, que la sociedad está perdida, y por otro, que las idealizaciones están agotadas, que parece no haber salvación.

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