Mundo Roseano en un Gran Sertón


Autor: João Guimarães Rosa
Título: Grande Sertão: Veredas
Editorial: Casa de las Américas
Año: 1979

Por: María Emilia Andrade


“Yo casi nada sé pero desconfío de muchas cosas” G.R.

Palabras narradas a manera de creación, entre la lejanía de una anécdota y la aridez de un territorio, se desnudan ante la escucha de un doctor-interlocutor que no se manifiesta de forma directa. Así es como transcurre Gran Sertão: Veredas, obra cumbre de Guimaraes Rosa, en la cual la voz de Riobaldo hace de su vida un cuento contado por él mismo. Esta novela, narrada en primera persona ha sido denominada como un “monodiálogo” por algunos críticos debido a su carácter de contraste entre dos universos culturales tan diferentes, enmarcados en la tradición, la oralidad y el regionalismo de Riobaldo y la modernidad, la escritura y la urbanidad del interlocutor. Este conflicto de perspectivas finalmente devendrá en una invitación transcultural frente a la reflexión del propio lector.

Grande Sertão fue publicada en 1956 pero fue sólo hasta 1967, irónicamente año en el que muere Guimaraes, que llegó al público hispanohablante. La distancia y la barrera idiomática de esta gigante isla seguramente fueron buenos aliados para el retraso de su publicación. Un aspecto interesante a notar, son las múltiples variaciones que ha sufrido el título en las distintas traducciones, como respuesta a un intento por encasillar esa realidad lejana a algo un poco más comprensible y próximo. Por ejemplo en inglés: The Devil to Pay the Backlands o en francés solamente Diadorim.

Es sin duda un gran desafío acercarse a este romance que no solo está teñido de un argumento local sino también de aproximadamente 600 páginas ininterrumpidas. Sin embargo, la genialidad que logra el autor a partir de la combinación del espíritu de los primeros regionalistas con el de los modernistas es innovadora e irrepetible. Además, durante toda la narración el lector se encuentra ante reconstrucciones literarias donde el autor se alimenta de palabras, las devora, se apropia de ellas, las expande valiéndose de dialectos populares y crea una nueva lengua que llega a límites inexplorados.

En cuanto a la anécdota, la historia de Riobaldo pasa a ser una excusa para el asunto que subyace a la obra, la posesión diabólica y la lucha entre las ideas del bien y el mal. Dos grandes guerras son narradas en Grande Sertão, la primera entre Joca Ramiro que en un principio derrota y aprisiona a Zé Bebelo; sin embargo, después es el turno de Ramiro, que es asesinado por dos de sus súbditos: Hermógenes y Ricardao. La segunda guerra se da como respuesta para vengar la muerte de Ramiro, que como se sabrá después era el padre de Diadorim, compañero inseparable de Riobaldo. Ésta se da entre dos bandos de yagunzos, unos liderados por los dos traidores y otros por el protagonista, que finalmente vence gracias a un supuesto pacto que hace con el diablo para derrotar a Hermógenes.
Desde un inicio Riobaldo siente una enorme atracción por Diadorim que durante la novela va fluctuando entre amistad y amor. “Cuento Diadorín se llamaba él. Era el Niño del Puerto ya expliqué. Y desde que él apareció, mozo e igual, en el portal de la puerta, yo no podía más, por mi propio querer, ir a separarme de su compañía, por ley ninguna; ¿podía?”. Este personaje que entabla una relación muy estrecha con Riobaldo, va a revelar su verdadera identidad sólo después de su muerte.

Dos aspectos que son indispensables para entender el desarrollo de Grande Sertão, son el tiempo y el espacio donde se desarrolla. El orden temporal es realmente una sucesión de digresiones matizadas por el estado de ánimo del protagonista, relatado así en un constante presente sin capítulos. Emir Rodríguez Monegal asegura que “el tiempo es únicamente el de la conciencia individual que evoca, a la distancia del recuerdo y la nostalgia, sin orden cronológico, la vida pasada” y acerca del espacio dice “el único espacio es el enorme sertão, el desierto que se dilata en torno de los personajes pero que es, además, un estado de ánimo, una sustancia sin materia que se ahonda dentro de los laberintos interiores”.
La novela se desarrolla en el sertón minero, que no sólo va a ser un espacio geográfico sino también mítico y metafísico. Si bien es cierto que el sertón del nordeste que es el más conocido se caracteriza por una vegetación árida y tacaña, la novela trata del sertón minero que por otro lado, se describe como un lugar con muchas veredas o arroyos propiciando un espacio más ameno. El aspecto mítico se enmarca en las constantes confrontaciones entre las bandas de yagunzos que se perciben como luchas de novelas de caballería, transfigurando el espacio territorial y mítico. La explicación metafísica va de la mano con el asunto de la novela, la disputa entre el bien y el mal, que sucede en este espacio donde se libra una batalla cósmica entre el Diablo, que aparece como una voz en el sertón y un susurro en la conciencia, y la imagen del bien que parece estar representada por Diadorim. De una u otra forma estas perspectivas se entrelazan a lo largo de la novela y de lo único que no queda duda es que “el sertón está en todas partes”.

Un último punto que es ineludible a esta proclamada “epopeya brasilera”, es la estructura y la audacia lingüística que maneja. La oralidad es sin duda el artificio que permite a la palabra ser forma, yuxtaponer recuerdos, fusionar voces del pasado, permitiéndonos así hacer parte de la narración. A partir de la puntuación, los neologismos, los arcaísmos, los regionalismos y toda clase de creaciones sintácticas, semánticas y hasta pragmáticas, Guimaraes Rosa logra legitimar un lenguaje moldeado a su antojo. Este uso metalingüístico no se restringe solamente a la estructura sino que a través de constantes reflexiones Riobaldo asegura que “contar es muy, muy dificultoso”. El juego gramatical utilizado queda en manifiesto incluso en los nombres de los personajes por ejemplo, Riobaldo: aquel que gobierna el río o Diadorim: dada por Dios.

Para finalizar cito a este genio de la lengua en su propio idioma:
“Todos os meus livros são simples tentativas de rodear e devassar um pouquinho o mistério cósmico, esta coisa movente, impossível, perturbante, rebelde a qualquer lógica, que é a chamada realidade, que é a gente mesmo, o mundo, a vida”.

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