Síndrome de Steler literario

Pablo de Santis, El teatro de la memoria. Buenos Aires: Ediciones Destino S.A. Colección Ánfora y Delfín, 2000

Por: Juan Camilo Gómez Barrera

Pablo De Santis. Bueno. Cuando comencé a leerlo, no tenía la menor idea de quién era. No sabía su nacionalidad, su carrera como escritor, su pasado, sus esposas, sus amantes. No, nada. Sin embargo, vaya sorpresa, es alguien quien, me da vergüenza decirlo, debería uno conocer si el interés primordial, o el secundario, es leer y conocer literatura latinoamericana contemporánea. A mi parecer, luego de leer esta novela, cabe hacerle un espacio en el reducido, contradictoriamente, mundo de escritores actuales. Digo reducido, porque lo es para escritores atrevidos, consientes de su trabajo. Esa es pues, la intención de esta reseña: dar a conocer tanto su recorrido como escritor, y mostrar mi experiencia de lectura de una de sus novelas, El teatro de la memoria.

Pablo de Santis nació en Buenos Aires en el año 1963. El 27 de febrero, para los que quieran saber. Sus primeros trabajos de escritura están relacionados con el guión cinematográfico y televisivo. Igualmente, para los que quieran saber, a la edad de 21 años ganó un premio al mejor guión, otorgado por la Revista Fierro. De esa manera, tuvo la oportunidad de ser el guionista de un programa de televisión llamado "El visitante" realizado por Fabián Polosecki. En 1985 publicó su primer libro de cuentos, bajo el título Espacio puro de tormenta. Y en 1987, a la edad de 24 años, publicó El palacio de la noche, su primera novela.

Entre sus novelas más reconocidas se encuentran Desde el ojo del pez (1991), La sombra del dinosaurio (1992), El Museo del Universo (1992), Páginas mexcladas (1997), Enciclopedia en la hoguera (1995), Lucas Lenz y la mano del emperador (2000), El inventor de juegos (2003). Como reconocimientos especiales, puedo mencionar el premio Casa de las Américas, Narrativa, otorgado en el año 2007.

Ahora, si uno lee una gran parte de la literatura del siglo XX, tanto inicio como final, como europea como latinoamericana, se da cuenta que el tema de la memoria ha sido desarrollado desde distintos enfoques. Empezando desde los famosos volúmenes del libro de Proust, hasta Rulfo, Borges, etc. etc. Así mismo, encontramos que esta novela sigue dialogando con esa tradición, incluyendo a Nietzsche, Spinoza y otros tantos, pero desde un enfoque diametralmente opuesto. Lo hace, la historia no es tan cíclica como dicen que es, desde unas características y conclusiones propias que ese mismo proceso de discusión ha venido obteniendo y desarrollado. Por ejemplo, la ruptura con la fe puesta en la escritura, con la verdad objetiva sobre la que se construía una hegemonía, tanto política como ideológica. Ahora, dudando de tanta “Verdad”, no se confía en la escritura, en la objetividad, en la Idea platónica y, en especial, en la memoria, tanto colectiva como individual.

Esta novela, utilizando ciertas estrategias de la narrativa policial, como por ejemplo la existencia de un enigma y la presencia de un investigador cuyas facultades provienen de un desarrollo analítico e intelectual, narra la manera en la que un doctor neurológico, Martín Nigro, tiene una serie de problemáticas y conflictos que giran alrededor de la conformación de la memoria individual a través de la memoria del otro. Con ello, quiere señalar Pablo De Santis la subjetividad en los procesos de recuperación de la memoria y la incertidumbre, llena de entramados y componentes, en algunos casos, escatológicos, que comportan los discursos y mecanismos de construcción de historia.

De esa manera, la novela narra cómo en la sección de neurología de un hospital inhóspito, Nigro quien padece una rara enfermedad que consiste en que uno se ha olvidado de quién es, o síndrome de Streler, según lo dice la novela, un día cualquiera recibe a un paciente que tras un accidente, ha perdido la facultad de recordar su identidad. El médico, obsesionado sin saber por qué, es impulsado a resolver y reconstruir la memoria de aquel personaje enigmático, como figuración de la recuperación de su propia memoria. En esa aventura, que presenta características de la narrativa policial, llega a conocer a Luciana, ex novia de aquel sujeto sin memoria, quien le ayuda a encontrar ciertas pistas que le permitan descubrir su identidad.

Paralelamente, se nos va narrando la historia de la Fundación neurológica fundada por Fabrizio, en donde Martín Nigro dedicó gran parte de su vida y de su trabajo intelectual. Dicha fundación está dedicada al estudio de la memoria. Impulsada por las obsesiones de su fundador, quien, guiado por la idea de poder almacenar los recuerdos, intenta construir una máquina que pudiera almacenar sus recuerdos y así, seguir existiendo. Esta idea es proveniente de las investigaciones desarrolladas por un “arquitecto” del Renacimiento llamado Giulio Camillo, quien intentó construir un edificio que pudiera almacenar todo el conocimiento del mundo. Un poco Borges, ¿verdad?

Así pues, Nigro es arrastrado por sus compañeros de la Fundación, extraños personajes de por sí –raros, oscuros, obscenos y a la vez mágicos- a la maquinaria inventada por Fabrizio, en donde se almacena sus recuerdos y sus memorias, conversando con La cuidad ausente de Ricardo Piglia. Al final de la novela los recuerdos individuales de Nigro parecen diluirse y desvanecerse en una tina de agua desde donde se tiene acceso a la memoria de Fabrizio. Luciana, a quien, de manera escueta y tímida, Nigro nos cuenta ha llegado amar profundamente, nos dice la novela, “es la última en desaparecer”.

A mi parecer, la novela es una lucha contra ese dicho síndrome de Steler pero uno literario, en la medida en que quiere recuperar, por un lado, una discusión literaria de los modos de representar las problemáticas más importantes del siglo XX, en este caso, la memoria. Que en sí, es la historia misma, vista desde una ontología y a la vez, desde un materialismo histórico concreto. Y por otro, quiere recuperar una tradición de autores, de temas, de literaturas, que están, si bien se recuerdan escuetamente, casi olvidados.

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