El dock


Sánchez, Matilde. El dock. Seix Barral: Buenos Aires, 1993.

Por José Ricardo Carvajal Mazorra


La memoria, la identidad y la muerte son tres de los ejes temáticos de la historia que se narra en El dock. Tres historias, tres protagonistas, tres destinos. Ella, la mujer; Ella, la militante, Él, el pequeño adulto, hijo de la segunda y protegido de la primera y esto último, ¿por casualidad? No, no existe la casualidad.

En la primera parte de la novela nos “deleitamos” con imágenes del exterminio a través de la caja negra y con una de las versiones de los hechos: un ataque al destacamento del Dock, muchos cuerpos en movimiento, una mujer, un evento terrorista. La autora nos muestra un enfoque desde la ignorancia (mediática, por supuesto) donde quedan muchas preguntas por responder. ¿Cuál es la verdad y cuál la realidad? ¿Hay una única verdad y/o una realidad? Entramos en las reflexiones lógicas de la mano de aquella mujer, la futura nodriza, la que padece la enfermedad, la que recuerda. En la segunda parte se nos muestra el pasado de Paulina y la reconstrucción a partir de conversaciones breves y eventos familiares una de las versiones (que es con la que nos quedamos, la que nos da la autora). La última parte de la novela narrada en presente, que muestra los últimos meses de la vida de la narradora, de nuevo tres personajes involucrados: la narradora, su pareja (Kim) y un niño (Leo), una trilogía necesaria, el trípode personal que soporta y resiste la enfermedad, que se enfrenta a lo inevitable: la muerte.

Kim, un médico asiático y también la pareja de Paulina; Leo, el niño huérfano que se oculta tras el conocimiento de cosas más allá de la evidencia palpable, que se pone tras la astronomía y la fascinación por el firmamento, en los estudios espaciales, en los mundos posibles y alejados de su realidad, la preocupación por el fin del planeta por el enfriamiento del sol se convierte en un reflejo de su realidad.

La experiencia de fragmentación de la narradora se ilustra a lo largo del relato, de sus recuerdos familiares, de las estrategias que se constituyen como una opción narrativa, en las voces de los personajes involucrados de una u otra manera con ella. La sorpresa, la curiosidad y los sentimientos surgidos simultánea y posteriormente al acto presenciado en la caja negra, configuran una identidad de manera retrospectiva.

La memoria ante la experiencia de la muerte, es una salida terapéutica aceptada socialmente y tan válida como el olvido. A pesar de las evasivas, de las excusas el primer proceso de reconstrucción (el de la memoria) es, para la protagonista, un camino indispensable para continuar con vida. Aunque en El dock desde las primeras palabras lo que encontramos de la memoria es una definición algo difícil de aceptar –mecanismo interno que borra los registros temporales de los acontecimientos–, también a través de preguntas retóricas encontramos conceptos que incitan al lector a involucrarse directamente en la evocación y la reflexión que produce el texto.

La representación de las anécdotas (relativamente subjetivas) y los conceptos encontrados a lo largo de la novela, problematizan la representación de la historia. Encontramos frases sobre la construcción de la novela, frases sobre la actividad que se hace más compleja a medida que avanzamos en la lectura. “ningún libro registraría la aventura del Dock en su justa dimensión” y “Toda historia es una conjetura”. “En el recuerdo es como si todo hubiera ocurrido en otro tiempo”. El recuerdo que desvanece los límites temporales entre los eventos. Los anteriores elementos hacen de El dock una narración que se define en función de la confluencia de técnicas narrativas, de los géneros y las historias; del lenguaje sencillo y convencional; del cuestionamiento de la función referencial del lenguaje y del diálogo con el lector. Es un viaje hacia la subjetividad y a la recreación bien elaborada de las versiones de algunas vidas y tres muertes.

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