El hechizo de la isla del Pavo Real


Ribeiro, João Ubaldo. El hechizo de la isla del Pavo Real [1997]. Trad. Mario Merlino. Barcelona: Tusquets, 2001. 293 págs.

Por Paula Santos


João Ubaldo Ribeiro (1941 - ) isleño de nacimiento, abogado de profesión, desarrolla su pasión por las letras desde 1958, inicialmente solo como columnista, editor de revistas y de periódicos culturales; luego, abandona las pequeñas ramas de aplicación del derecho para entregarse por completo a su apasionante ejercicio creativo: la escritura. Nuestro autor, maestro de la sugestión, maneja con total pericia el lenguaje sensitivo y sugerente para sus lectores,. Esta característica, si bien atraviesa toda su obra, es mucho más notable en textos como El hechizo.. y aparece en su máxima expresión en La casa de los budas dichosos.

En El hechizo… la preocupación de Ribeiro por la identificación de la mixtura racial que conforma el pueblo brasilero es evidente. De hecho, es a partir de la caracterización de los tipos raciales que se traza la construcción de los personajes novelescos, obviamente sin olvidar el fundamental ingrediente erótico. Cada personaje representa significativamente una figura de la “multiracialidad” brasilera: Hans Fussufer, el inmigrante europeo; Balduino Gallo Malo, el indígena brasilero; Crecencia, la “esclava” negra-africana y Ño Pepeu, el brasilero criollo.

En cuarenta capítulos cortos, João relata una entretenida historia teñida por comicidad, magia, erotismo y fantasía. Sobrevenida en una isla utópica, de misteriosa ubicación, Ribeiro dibuja dos hilos centrales de la historia. El primero, el hilo erótico de la narración, está condicionado por el incontrolable deseo de Ño Pepeu, esclavo de la obsesión por Crecencia. El segundo, aunque entremezcla muchos más detalles, se adereza principalmente con las aventuras de Balduino Gallo Malo, héroe y condimento cómico de la novela, en su empeño por reivindicarse como figura indígena dentro de la sociedad isleña. Los dos hilos narrativos urden la trama novelesca y con frecuencia se ven ampliamente entretejidos. Las hilazas de la ficción se rematan estupendamente con el triunfo mágico de la palabra: tanto Balduino como Crecencia obtendrán finalmente grandes satisfacciones gracias a su sagacidad y dominio de las palabras, “el poder retórico”.

Para un lector mojigato, es una lectura que estaría poco acorde con su naturaleza. El vocabulario que en muchas ocasiones encontrará (a pesar de ser traducción), probablemente solo alterará su escrupulosidad, pero qué mejor texto para empezar a enfrentar sus prejuicios.

Para un lector intrépido, es un texto que, sin duda alguna, generará múltiples tipos de sonrisas. Probablemente lo único que le recomiendo es hacer la lectura con una compañía agradable —preferiblemente igual de intrépida— (podrá ser más pertinente para unos capítulos que para otros, pero aún así pertinente).
A la lectura de El hechizo... se debe simplemente ir ¡a ella sin pena!

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