Un soplo de vida


Lispector, Clarice. Un soplo de vida (Pulsaciones). Trad. Mario Merlino. Madrid: Siruela, 1999. 160 págs

Por Edwin Cubides


La obra narrativa de la brasilera Clarice Lispector es sin duda una de las más importantes en la literatura latinoamericana del siglo XX. Mientras la preocupación general del continente es tratar de proveer de una identidad que cohesione las diferentes manifestaciones culturales de cada una de las regiones, Clarice Lispector entra en la existencia del ser humano, en sus problemas y búsquedas; la obra de Lispector no le apuesta a lo colectivo sino al individuo.

Un soplo de vida (pulsaciones) es la última obra de Clarice Lispector, publicada post-mortem, en donde el lector se sumerge en un mundo lleno de incertidumbres y preguntas que no llevan a respuestas sino a un cierto tipo de límites que, aunque no reconocería como suyos a primera vista, logran convertirse en espejos un poco distorsionados de la existencia humana. A través de toda su indagación literaria, Clarice Lispector va buscando un mundo que se le impone como una necesidad en la palabra; esa búsqueda es también el descubrimiento del tiempo avasallador, de lo cotidiano, de la precariedad del lenguaje, de lo epifánico y del reconocimiento del cuerpo como anclaje a la realidad.

Un soplo de vida es una obra que se construye a través de un diálogo interrumpido, casi como un monólogo, entre Ángela Pralini y un “autor”, personaje de la obra de Clarice. La forma del diálogo le sirve a la escritora para plantear uno de los problemas que va a estar presente en toda su obra narrativa: la problemática de la escritura y de la imposibilidad el lenguaje. A medida que se construye el personaje a través de las palabras de ese “autor” (personaje de ficción), Clarice va revelando cómo las palabras no alcanzan para expresar esa sensación de impotencia y desmesura que siente el creador de Ángela Pralini, mientras ésta se le sale de las manos, como ese barro pensativo se deshace en el lenguaje del “autor”, mientras toma forma con el soplo vital de la palabra propia, del pensamiento. Ángela, "a medida que habla va quitándose el velo hasta dejar el rostro desnudo" (25) nos dice su personaje “autor”, mientras avanza la narración, y Ángela va tomando vuelo propio, casi como dejándose llevar por el aire y el soplo.

A través del lenguaje único de Clarice Lispector, su personaje “autor” y Ángela Pralini van recorriendo un camino en el que los acontecimientos dejan de ser importantes, para entrar en el universo interior e introspectivo de cada uno de ellos, en donde los grandes problemas de la existencia humana se convierten en la narración misma. ¿Cómo sentir? ¿Cómo escribir? ¿Cómo pensar? ¿Cómo conocer? ¿Cómo vivir? Todas estas son preguntas que terminan en la respuesta inefable del silencio.

Esa intención dialógica que se plantea inocentemente en el relato, como intento de entrar en esas grandes preguntas, termina siendo un diálogo-monólogo, en donde la creación del autor, ese personaje nombrado Ángela Pralini, es más el modelo a seguir del creador. Imitarla, porque es más fuerte que yo: "yo soy producto de un pensamiento, ella no. Ella es toda ella. Ha roto mi sistema" (128). El mundo del personaje, como el del autor, se deshace en la palabra y en lenguaje. Uno de los principales problemas que atraviesa la obra de la escritora brasilera es la indagación frecuente por la escritura y por el lenguaje. Clarice Lispector sabe que el lenguaje es uno de los elementos más importantes del ser humano, aunque también es consciente de la imposibilidad de éste de poder dar una expresión fiel de lo subterráneo, lo prohibido, del pecado original que tal vez pueda ser la imitación de Dios desde la escritura: "Siento en mí una violencia subterránea, violencia que sólo viene a la superficie en el acto de escribir" (53). 

Entonces, el acto de la escritura en esta obra póstuma de Clarice se convierte casi que en un juego de espejos que no reflejan rostros sino espaldas. El autor crea a Ángela Pralini, quien a su vez, está escribiendo un libro: Historia de las cosas, declarando en él la fascinación por el objeto: la escritura se duplica, se refleja a sí misma en las dos voces de la narración. Ángela habla, nos comenta sus libros anteriores: La ciudad sitiada o El huevo y la gallina, y deja así al lector sumergido en un mundo en donde no sabe quién es el creador y quien la criatura creada.

Un soplo de vida es una indagación constante sobre el ser humano. A través del sueño, de la escritura, de la pregunta por el objeto y por la cosa, de la búsqueda de ese Dios que se escapa, a través del lenguaje, de la vida y de la muerte, Clarice Lispector no solo está poniendo en escena la estructura de un diálogo incompleto del “autor” con su creación, sino que también dialoga con nosotros, lectores de su escritura, y nos invita a reflexionar y a revaluar los conceptos preestablecidos y tradicionales de nuestras sociedad.

A través de una intensa conversación del personaje “autor” con su creación, a través de ese fallido diálogo que se transforma gracias a la escritura en dos monólogos que se imitan el uno al otro, Clarice Lispector nos va introduciendo en ese mundo especial y extraño que logra crear a través de la palabra, en donde la percepción de las cosas y de la existencia por medio de los sentidos juega el papel más importante y ese pensar-sentir se convierte en una búsqueda, una búsqueda también fallida y sin conclusiones.

Un soplo de vida es la última indagación de Clarice Lispector de todos los problemas que recorren su obra y su planteamiento ontológico y epistemológico: la imposibilidad del lenguaje, la búsqueda perpetua de sentido, la problemática de la escritura… Estos y otros problemas más están presentes en esta última obra de la escritora brasileña, en donde parece que las palabras nos van llegan a los ojos intentando entrar por los oídos o por la piel, casi como llevadas por un soplo de vida que intenta re-crearnos.

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