La Condesa Sangrienta

Ilustración de La condesa sangrienta por Santiago Caruso,
de la edición de  Libros del Zorro rojo, 2009


Pizarnik Alejandra. "La condesa sangrienta", en Prosa completa. Buenos Aires: Lumen, 2001, pág 150.

Por Samary Tatiana Parra



Alejandra Pizarnik es la única “espectadora silenciosa” de la ceremonia que aquí se nos cuenta. Solo ella puede comprender la triste realidad en la que se basa esta historia (La condesa sangrienta), puesto que nadie más que ella sabe lo que es sentirse torturada por el silencio, por la soledad y por la frustración. Así nos lo deja ver en cada uno de sus escritos.

Cabe anotar que, al igual que su poesía, la prosa de la autora en mención está inundada de imágenes lóbregas y desérticas; de sentimientos oscuros y suicidas, de extrañeza y desespero. En ellos, Pizarnik rompe con las reglas del lenguaje y a través de esa rebelión nos muestra su necesidad de comunicar y a la vez la imposibilidad del lenguaje. También hay búsqueda de identidad, de sentido y de libertad poniendo a prueba con cada línea la existencia humana. La condesa sangrienta hace parte de la prosa de Pizarnik. Por lo tanto está manchada de cada uno de los elementos descritos inicialmente.

Como reconoce Pizarnik al principio, este relato está inspirado en una recopilación que hace Valentine Penrose acerca de la vida y obra de la condesa Erzébeth Báthory. Un personaje que Pizarnik describe como real e insólito: real, porque alguna vez existió y vivió en el mundo de los humanos; insólito, por todas las locuras y desagravios a los que sometía a sus sirvientas. Pero sobre todo por la forma tan sorprendente en que ésta alcanzaba complacencia en el dolor ajeno.

Alejandra Pizarnik nos describe sin recelos una serie de acciones horrorosas, siniestras y dolorosas a las que eran sometidas, como se dijo anteriormente, las sirvientas de la condesa. De alguna manera, estos acontecimientos nos muestran una frialdad tremenda que no sabríamos a quién atribuírsela: si a la condesa o la misma autora por la forma como nos los describe.

A partir de lo dicho, nos surgen varias preguntas: ¿Qué es lo que le falta a esta condesa? ¿De qué cosas carece para buscar satisfacción y plenitud a través de la tortura a otras mujeres? ¿Qué es lo que falta y de qué carece Alejandra Pizarnik para torturar al lector con las imágenes y los acontecimientos que nos narra? ¿De que carece el lector para torturar su alma soportando esta lectura y continuar con ella a pesar de lo sádico que se nos está a contando?

Con cada puñalada, con cada latigazo, con cada medida severa y con cada muerte siniestra, se revela el terror y temor manifestado en un solo nombre: Erzébeth Báthory. Quien poniendo por encima sus propios intereses y deseos oprime y castiga bruscamente a quienes les sirven.

Es curioso mirar que después de tanto tiempo en que la mujer fue oprimida, relegada por parte de la sociedad y del género opuesto, en este relato vemos a una mujer que es totalmente libre, pero que, como dice Pizarnik al final del relato, “es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible”. Puesto que en su libertad y en su certeza de tener derecho a hacer lo que quiera por ser una “mujer noble y de alto rango”, no solo daña la vida de los que la rodean sino también su propia existencia.

De alguna manera, todas las atrocidades cometidas diseñan su final. Termina sola, encerrada, juzgada y odiada. Y allí, en el silencio de su habitación, puede escuchar el eco de sus gritos, de sus maldades y de sus locuras. Ahora es ella la torturada por la imposibilidad, por el desespero y por la soledad. Sin embargo, no hay muestra de arrepentimiento; de alguna forma, esta mujer es mostrada como una diosa, merecedora de todos estos sacrificios, en los que las protagonistas son mujeres vírgenes e inocentes.

Definitivamente, Alejandra Pizarnik es una maestra del dolor y de la muerte: por eso a través de sus escritos, (especialmente en éste) suscita en el lector ciertas emociones como el terror, la compasión y el espanto, poniendo a consideración el enigma de la vida humana. Por eso es imposible leer a Pizarnik sin sentir ninguna emoción pasión,o sentimiento. Es precisamente de esto de lo que está cargada su obra literaria.

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