MOHAN CRÍTICA LITERARIA


Espacio de crítica y divulgación literaria, del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia.

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lunes, mayo 23, 2011

La canción de la luna.


Garay, Juan Carlos. La canción de la luna. Ícono: Bogotá, 2011

Por Julia Wessel

Con La canción de la luna, Juan Carlos Garay acaba de lanzar su segunda novela. Este nuevo libro del autor y periodista no sólo nos muestra su amor a la música sino que nos secuestra al mundo enigmático de la luna. En su primer libro, La nostalgia del melómano, Garay nos pegó la adicción a la música; en su nueva novela lo mezcla con un lunatismo inevitable.

Don’t the moon look lonesome
shining through the tree
Don’t your house look lonesome
when your baby packs up to leave


Con esa canción, escrita por el cantante Jimmy Rushing en el año 1938, empieza el viaje novelístico–musical de una historia llena de protagonistas cautivadas por la magia de la luna: un monje fugitivo, que escapa en una noche de luna llena de un monasterio para encontrarse con un lobo aullador y mordedor; un dueño de una tienda de discos, que toca la guitarra famosa del cantante “Charly Patton” en conciertos de noches de luna llena; un misterioso grupo de poetas llamados “Los Cazadores de la Luna” que se reunen para escribir odas a ese cuerpo celeste; un hombre con corazón roto y una mujer bella que se aman bajo la pálida luz de la luna; un poeta que se infiltra como astronauta a la Administración Nacional Aeroespacial para emprender un viaje sin regreso al cosmos. Esto mezclado con una buena ración de blues, un camión lleno de veinticuatro mil fresas; una misteriosa formula matemática que provoca reacciones orgásmicas; cinco vacunas antirrábicas; padres que quieren mostrarle a su hijo el mundo, recorriéndolo en bicicleta; y ... voilá: el lector se encuentra no menos hechizado por la luna que por los personajes curiosos de Juan Carlos Garay.

Muchos periodistas, tarde o temprano, sienten la necesidad de publicar un libro. Algunos con éxito, otros no. Pero Juan Carlos Garay nos ha demostrado una vez más que dentro de muchos periodistas se esconden grandes escritores. Garay escribe ya desde hace diez años la columna de música de la revista Semana y también trabaja para la edición argentina de Rolling Stone. La influencia y el impacto que tiene la música en la vida y el trabajo periodístico del escritor se hacen ver tanto en su primer como en su segundo libro. La canción de la luna no sólo es una declaración de amor a la luna sino sobre todo a la música. La pasión que siente el autor por la música se refleja en sus protagonistas y las anécdotas sobre las biografias de músicos, que llenan su nueva novela. 

Pero es más: Juan Carlos Garay no sólo sabe de música. También sabe de literatura. Con un sentido infalible para los pequeños detalles, el autor logra llenar su libro con una serie de curiosos personajes y situaciones, que parecen todos unidos en su pasión por la luna, la poesía y a la vez en búsqueda del amor y del sentido de la vida. Lo bonito de su novela es esto: que al parecer todo se repite y reencuentra. Así, por ejemplo, el camión de veinticuatro mil fresas que lleva al monje perdido al hospital tras un mordisco de un lobo. El mismo camión de veinticuatro mil fresas que luego en la novela reaparece transportando a un cantante olvidado y entrado en días. El mismo cantante que compuso la canción de la luna que canta el monje antes de su encuentro con el lobo. O la canción de los Beatles: “Strawberry Fields”, que, al igual que la luna o la poesía, parece extenderse como un leitmotiv en toda la novela. 

Esta red de motivos y situaciones repetidas crean un mundo sonámbulo y soñador. Una historia que parece realidad y sueño a la vez, en la que se pierden tanto los personajes como el lector. Así concluye también Jerry, el dueño de la tienda de discos: “Y cómo estás seguro de cuál es la realidad? ¿Quién te dice que no estamos soñando?” (76) Sueño y realidad: un tema poco innovador pero raras veces tan bien realizado como en esta novela. La canción de la luna es una pieza literaria tranquila, que empieza despacio y que poco a poco revela su grandeza al lector hasta que al final uno se da cuenta de la red que relaciona todos los pequeños episodios de los que se alimenta el libro.

Juan Carlos Garay tiene un talento eminente: sabe combinar las dos grandiosas disciplinas del arte: La literatura y la música. Logra lo que parece casi imposible: hacernos escuchar la belleza de la música, envolviéndola en letras. Así, Héctor Buitrago dice con toda la razón: “Garay es un astronauta cosmopoético que nos lleva en un viaje desde las moléculas hasta la luna y nos devuelve iluminados. Una bella oda lunática.”

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