Elisa Mújica: Diario 1968-1971


Mújica, Elisa. Diario 1968-1971. Introducción, selección y notas de Jerónimo Carranza. Bogotá: Planeta, 2008. 218págs.

Por Laura Acero Polanía


Sin embargo, persevero en agarrarme al hilo de la esperanza. Ahí está mi último libro de cuentos… 
–Elisa Mújica, 9 de agosto de 1970 


De la tienda de imágenes surge una mujer ya mayor con bolsas y más bolsas en sus manos, en las que lleva libros, antigüedades, comida y juguetes para los hijos de cuanta mujer desconocida aparezca en su camino. Esa mujer, ignorada por muchos de sus contemporáneos —aunque apreciada por algunos otros—, se encierra en su casa del barrio de la Candelaria, en Bogotá, a escribir. La escritura es aquello a lo que se dedica cuando roba tiempo al trabajo en la oficina, que le absorbe de ocho a cuatro de la tarde, y también es su razón de vida, aquello la tiene sola y le hace disfrutar de esa soledad.

Después de una vida dedicada a las letras, Elisa Mújica muere en el año 2003 dejando en el tiempo novelas, libros de cuentos, libros infantiles y una vasta producción crítica que —para una mujer que vivió 85 años— abarca desde finales de la Primera Guerra Mundial hasta comienzos del siglo XXI, con todos sus temores, catástrofes y esperanzas. Lo que resulta increíble es que una escritora como Elisa, incansable y, sobre todo, diáfana y limpia en su estilo, haya tenido tan poco eco por su producción creativa. Ya Montserrat Ordóñez, en un breve estudio sobre la escritora y crítica, publicado en el volumen Narradoras Hispanoamericanas de la editorial Siglo xxi, mencionaba la pobre acogida de sus obras. No obstante, y la publicación que me interesa presentar es un ejemplo de esto, hay quienes, años después de su muerte, comienzan a hablar de ella.

Jerónimo Carranza, hábil editor, ha seleccionado, para aquellos interesados en la obra de Mújica, cuatro años clave de su vida y que ella registró en su diario personal. De 1968 a 1971, Elisa anota, con la distensión propia de quien lleva un diario íntimo, sucesos que van desde la angustia económica diaria, las reparaciones cotidianas de un caserón viejo del centro de Bogotá, hasta los conflictos históricos propios de la época de la revolución sexual y los protagonistas de la vida cultural colombiana. Entre sus páginas habitan personajes como Camilo Torres, Marta Traba, Eduardo Carranza, Beatriz Daza, Maruja Vieira y Maria Mercedes Carranza, entre otros.

Años de muertes, noticias, izquierdismo —siempre naciente y siempre moribundo— y explosiones culturales, comentados por una mujer con contradicciones, como un equilibrista entre tendencias políticas, religiosas, sociales, existenciales y —lo que para ella era lo mismo— artísticas. Elisa, quien ya en sus cuentos y novelas trataba estos temas con la propiedad de una excelente escritora, relata en su diario íntimo, de otra manera, la transición entre dos generaciones de mujeres en nuestro país.

Como diría Klee, un diario no es un producto artístico, sino un producto del tiempo. No obstante, en la recopilación de Carranza habitan cuatro años especialmente comentados. La lectura del Diario de Elisa, y de esos años especialmente, permite acercarse también a las reflexiones de una mujer que escribió constantemente sobre los problemas políticos e ideológicos de Colombia y que, dedicada por completo a la literatura, vivió el conflicto de la escritura, el amor, el odio y la dispendiosa tarea de las letras enfrentándose a la vida. En su escritura habita una mujer que, además, se examina implacablemente y no justifica su manera de pensar. 

Reflejo del temple de su autora, el Diario es un libro que vale la pena, del que pueden desprenderse numerosas discusiones y, sobre todo, que permite acercarse de nuevas maneras a la producción artística de Mújica, la mujer sola, la oficinista, la escritora.

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