¡Oh júbilo inmortal!


Ángel, Albalucía. ¡Oh gloria inmarcesible! Bogotá: Instituto colombiano de cultura. 1979. 186 págs

Por Edwin Cubides


A finales de los 70´s, la escritora pereirana Albalucía Ángel publica su primer libro de cuentos cortos titulado ¡Oh gloria inmarcesible!, que juega desde el título, en primer lugar, con el verso que abre el himno nacional de Colombia, y en segundo lugar, con la identidad de un país que se ha caracterizado por ocultar sus diversas formas de violencia con emblemáticas y acogedoras oraciones. ¡Oh gloria inmarcesible!, así como Colombia es pasión, son frases que ya hacen parte de la infinita retórica que ha dotado de identidad a esta nación. Habría que escudriñar con cuidado a que Gloria y a que Pasión es a la que se hace referencia realmente.

A través de pequeños relatos cortos, Albalucía Ángel juega con el lenguaje, con la retórica, con el sarcasmo, para ponernos un espejo delante de nuestros ojos y, a través de las palabras, construir una pequeña imagen de lo que Colombia fue, es, y probablemente seguirá siendo. Existe en los cuentos una mezcla entre la violencia, el dolor y el erotismo que deja al lector esa sensación de estar flotando sobre un aire caliente y bochornoso producido por el cansancio que tal vez sea del sexo, de la muerte o de la huida. Cuentos como "Sound bay", "Paisaje del Otún", y "El guerrillero" muestran, no sólo la habilidad narrativa de la escritora pereirana, sino esa mezcla extraña entre sudor, sangre, amor, miedo y muerte que construyen un pequeño universo narrativo que claramente puede identificarse con el gran sancocho que es Colombia.

El cuento que da título a la obra no hace referencia a la gloria inmarcesible del himno colombiano. A la gloria que la escritora hace referencia no es la de la exaltación de los héroes de la patria, sino la del buque Gloria, que en Julio de 1976 fue encontrado con 28 kilos de cocaína, escondida en tarros de café. La narración se construye a través de recortes de periódicos en donde la autora refleja, con exactitud y gran audacia, la realidad de un país conflictivo y violento. La innovación narrativa se mezcla con la necesidad de mostrarle al lector una cara distinta de Colombia. Nada más paradójico y sarcástico que sea en tarros de café colombiano, el mejor del mundo y símbolo de la productividad colombiana, en donde los narcotraficantes camuflan la cocaína que iba a ser “exportada” en el buque Gloria.

¡Oh gloria inmarcesible! es un texto que, a pesar de ser escrito hace 30 años, tiene una vigencia sorprendente. Le da al lector un júbilo inmortal. Júbilo por su habilidad narrativa que logra sumergir al lector en una realidad de muchas caras, matices, encuentros y desencuentros con la realidad colombiana. E inmortal porque, de una u otra forma, la realidad que muestra Albalucía, esa realidad de pasiones, amores, odios y violencias, es la que se inmortaliza, con sus pocos aciertos y sus múltiples fracasos.

Comentarios

Fanny Restrepo dijo…
La autora es genial. Estaba la pájara pinta es una novela que merece seguir siendo divulgada.

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