Por: Diego Alejandro Ramírez Fonseca


Confesiones de una máscara fue la segunda novela publicada de Yukio Mishima, pero la que lo llevó a la fama. La escribió tiempo después de dejar su trabajo como funcionario, cargo que ejerció sólo por complacer a su familia, hasta que finalizó la segunda guerra mundial. Es por esto que se considera a Mishima como escritor de la posguerra.  Podemos ver en esta novela, como dicha guerra sucede en trasfondo a la historia que el autor nos cuenta, sin embargo, no se enfoca en ella.

Si analizamos la trama que se nos narra encontramos que no es ni especial ni llamativa. Como el narrador mismo lo dice, es la infancia y juventud de alguien que en el exterior parece completamente normal. Sin embargo, el valor de la obra se encuentra en lo que sucede dentro de la mente de su personaje principal, junto con algunos episodios que revelan rasgos de su personalidad. Son sus reflexiones y el proceso por el que pasa tratando de entender quién es realmente lo que resulta llamativo de la novela.


Aunque parecen las confesiones propias del autor, quien las narra es alguien a quien, en contadas ocasiones, los otros personajes se refieren como “Koo-chan”. De esta manera Mishima crea un personaje narrador a través del cual puede presentar sus propias confesiones. Sin embargo, teniendo en cuenta el carácter ficcional de novela, se podría pensar que estas no son unas confesiones completamente verídicas. No obstante, por lo que sabemos de la vida del autor, encontramos que tanto Mishima como Koochan comparte muchas características.

Estos rasgos en común pueden ser tanto ideas presentes durante la obra como episodios que componen la vida del personaje principal. Por ejemplo, la temprana separación de su madre gracias a su abuela; su aspecto físico; el descubrimiento de su sexualidad; las razones por las que no luchó en la guerra e incluso su deseo de una muerte con honor en la misma.

Me parece una novela recomendable porque en ella el lector encuentra a un personaje lleno de contradicciones que contrastan diferentes elementos, como la muerte, la pérdida de los valores, todo ello en el marco del Japon de la posguerra, un país en transformación que según el autor está perdiendo su tradición. Esto se reflejará más adelante en la vida y obra del autor y es una de las causas que lo llevará a su posterior muerte.

Aunque leemos a un Mishima aún lejos de su suicidio, podemos ver como la idea está ya muy presente en él. Así, el personaje principal en varias ocasiones piensa en su propia muerte. Durante parte de su juventud, sus acciones son motivadas por la idea de que pronto llegara su fin. No obstante, en él existe cierto temor a su desaparición, evidenciado en su alivio al haber escapado de la muerte en varias ocasiones.

Finalmente, otro aspecto que resulta interesante, es el título de la obra, pues es muy acertado. Con él, desde un comienzo, Mishima nos pone ante la que parece la idea principal de la novela. Podemos asociar en primer lugar la idea de la máscara al teatro, que es la metáfora que el narrador utiliza para describir la vida. Además, este objeto también lo podemos asociar al hecho de ocultar su vergüenza. Durante toda la novela, el personaje principal lucha consigo mismo por ocultar su verdadera naturaleza y tratar de parecer y sentirse normal.

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