Por: José Eduardo Sarmiento Muñoz


Tuve la certeza de que, si había algo que querría preservar, que no querría que cambiara, era aquella noche: el aire que nos rodeaba rebosaba de una dicha tan simple y serena que no necesitábamos nada más.

Maria Shirakawa tiene 19 años y se ha mudado a Tokio para empezar la universidad y una nueva vida. Hasta ese momento había vivido en un pueblito costero, en el hostal Yamamoto administrado por sus tíos, creciendo con sus dos primas  ̶ Tsugumi y Yoko ̶  como si se tratara de sus hermanas. Tsugumi, sin embargo, no es una chica corriente. Al nacer, los médicos le anticiparon pocos años de vida; y, aunque sobrevivió, sufre constantes decaídas y su salud es muy frágil, pudiendo morir en cualquier momento. Esta condición, junto a los mimos y cuidados que todos le proporcionan, la convirtieron en una persona desagradable y egoísta, con un desprecio profundo por la vida y por los demás, que no por esto dejan de quererla.


Ahora, el hostal Yamamoto va a cerrar y la familia se mudará a las montañas, por lo que invitan a Maria a pasar un último verano junto a ellos. En sus andanzas por el pueblo, a Maria y sus primas se unirá Kyoichi, un chico que acaba de llegar al lugar pues sus padres se disponen a construir un gran hotel en él. Tsugumi se sentirá cada vez más atraída por Kyoichi, y llegará a pensar que la vida bien vale la pena de ser vivida.

Tsugumi (1989), cuarta novela de la prolífica autora Banana Yoshimoto, es una historia velada por la melancolía de la juventud. En ese último verano a la orilla del mar, los personajes se despiden para siempre de la niñez y se preparan para ser adultos, para empezar “la verdadera vida” incierta y cambiante que se abre ante ellos. Y aunque puede que sus caminos se separen allí, saben que los recuerdos que han forjado seguirán con ellos, brillando en sus memorias con la fuerza y la plenitud de la luna sobre el mar en calma.  
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NOTA: ¡No!, Banana no es un nombre típico entre la población femenina japonesa. La novelista  ̶ cuyo verdadero nombre es Mahoko ̶  eligió ese seudónimo por la fascinación que le despierta la “andrógina belleza” de las flores de banano.
Yoshimoto, Banana. Tsugumi. Trad. Albert Nolla Cabellos & Bibiana Morante Mediavilla. Barcelona: Tusquets Editores, 2008. 192 págs.


                                                                                             

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