Por: Edison Andrey Rojas Olaya

 Confesiones de una máscara es una novela que sumerge al lector en la enredada conciencia de Kochan, el narrador de la historia, quien rememora, entre otras cosas, la extraña relación entre él, su abuela y sus padres; su adolescencia marcada por su “vicio”, por hombres bellos y por el saberse diferente de los adolescentes de su edad. Estos recuerdos, no nos llegan solos, es decir, se le presentan al lector en medio de un dialogo que sostiene el narrador actual con sus creencias pasadas, éste narrador adulto reinterpreta las hipótesis de esos antiguos sucesos.  Es como si uno dialogara con su yo pasado, con el de ocho años, con el de catorce o el de veinte. Pero sin importar la etapa hay una constante en la vida del protagonista: su intención de asumir una vida que no le corresponde, el ser otro, el adecuado, de ahí el nombre de la novela.

La cualidad introspectiva del narrador nos regala unos agudos razonamientos sobre sí mismo, razonamientos que generan ecos en las reflexiones acerca de la condición humana:


Ahora bien, cabe preguntar, ¿es posible que una persona llegue a falsear de forma tan absoluta su propia manera de ser al menos durante un instante? Si la contestación es negativa, parece que no hay modo de explicar el misterioso proceso mental por el cual deseamos cosas que en realidad no deseamos en modo alguno (Mishima, 2009, p. 62)

Las constantes reflexiones que Kochan hace sobre sí mismo permiten al lector acercarse a su humanidad desde diferentes flancos, conociendo en detalle sus diferentes matices, sus contradicciones, sus inseguridades.

Japón, país en donde se desarrolla la novela, país de Yukio Mishima, su autor, y país que sufrió con severidad los impactos desastrosos de la segunda guerra mundial, es el lugar desde donde el narrador nos permite conocer la manera en la que vivió la guerra. ¿Qué significa vivir en un país en guerra? Despertarse por el ruido de una alarma, correr al refugio, debatirse entre la vida y la muerte, darse cuenta que en realidad uno no se quiere morir. La muerte, es otro de los temas atractivos que Mishima aborda en su novela.

Otra característica recurrente en la narración de Confesiones de una máscara es el uso poético del lenguaje, que en momentos produce la sensación de ralentizar el tiempo hasta detenerlo, como el momento en que dos adolescentes rozan sus manos en medio de un juego. A continuación unos ejemplos en las propias palabras del autor:

“Sus ojos lanzaban los destellos propios de la audaz resolución que anima a aquellos que se disponen a desafiar a los dioses” (Mishima, 2009, p.41);
“Los grupos de rocas superficiales que se adentraban en las aguas lanzaban al aire, al resistirse a la fuerza de las olas, salpicaduras que se elevaban como blancas manos pidiendo ayuda” (Mishima, 2009, p.46).

Al inicio de la novela esta poética en la narración parece ser un rasgo bastante atractivo y muy bien utilizado. Pero a medida que avanza el relato, este recurso puede llegar a sentirse gastado. En todo caso es imposible pretender que las mismas líneas hagan vibrar a cualquiera. Lo que es seguro, es que en medio de todo el arsenal poético dispuesto por Mishima no habrá lector que no salga tocado, o herido, por una de sus balas.
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Mishima, Y. (2009). Confesiones de una máscara. Revista Literaria Katharsis 2009

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