Por: Cristian Camilo Baquero Valbuena
Para
Kochan —personaje principal de la novela Confesiones
de una máscara— la vida realmente es un escenario, pues al notar desde muy
joven que era una persona distinta, se vio obligado a representar un papel que
no era el suyo, se vio forzado a enmascararse. De esta manera Kochan se sumerge
en hondo espejismo, en donde entre intentos furtivos busca esconder de sus
allegados e incluso de sí mismo, su verdadero yo. Se esfuerza para eludir los deseos que generan en él las
figuras masculinas, en especial su compañero Omi; deseos que cree prohibidos,
deseos que lo atormentan. Y es en este vaivén de máscaras e ilusione, donde la
figura de Sonoko aparece para transfigurar a Kochan, haciéndolo meditar sobre
quien realmente es. Acaso ¿Realmente puede el amar a una mujer? ¿Puede ser como
el resto de hombres? ¿Se puede amar sin desear? Esa es la historia de Kochan,
un hombre joven que, entre los aromas de la guerra y la presión de su entorno,
busca su identidad.
Muchos
críticos literarios definen a esta obra como una novela autobiográfica, ya que
a la postre muchos de los rasgos propios del protagonista fueron los mismos que
moldearon la personalidad del magistral escritor. Pienso que más que una
autobiografía, esta novela es un gran retrato donde está incluido el mismo
autor, pues Mishima hace uso de las palabras para describir sus cualidades,
magnificar sus debilidades y resaltar las marcas de los hombres que se llevaban
toda su atención, que están descritas de manera delicada, suave y súbita. Retrato
en donde todas las contradicciones se funden entre sí a tal punto que dejan de
existir, donde la noción de belleza se desdibuja y pierde sus límites, donde se
quiebran las barreras de la estética y la belleza pierde su género, claro está
que esto sucede solo en el mundo del autor.
Al
leer la novela de Mishima nos queda la sensación de que todas las débiles
fantasías y las vagas ilusiones que se crean en algún momento se derrumbaran,
pues al parecer la realidad busca venganza. Y ¿Qué hacer cuando la realidad te
aturde? A Kochan —y al mismo Mishima— solo le queda huir, pues al parecer, cuando
se encara a la realidad hay muy pocas alternativas. Frente a esto Kochan —o
Mishima— dice: “Esa ha sido siempre la actitud que he optado al enfrentarme con
la vida. Ante aquello que he esperado con excesivas ansias, ante aquello que he
embellecido en demasía en mis sueños previos, lo único que puedo hacer es huir”
¿Y qué mejor forma de huir de la realidad que escribiendo?
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