Por: Natalia Ramírez Reyes*

Nace un nuevo mundo en donde la realidad se ha invertido: las mascotas de los niños y niñas ahora son más grandes que sus dueños, animales gigantes y humanos diminutos. Un mundo donde no hay adultos ni escuela, los niños se pasan todo el día jugando con sus mascotas. Una niña anda sobre el lomo de su gato gigante, juntos pasean por los diferentes paisajes de ese mundo feliz, se sumergen en la Piscina Láctea, juegan en las enredaderas y rasguñan un bosque. Todos los niños son felices con sus mascotas gatos, perros, hámsters o serpientes. Sin embargo, la niña y su gato se encuentra con un niño, parece más un adulto, que no se divierte ni juega, solo se queda junto a su mascota sentado frente al río ¿Cuál era la gracia de estar así sentado? Se preguntan la niña y su mascota cada vez que lo ven, pero sin más vuelven a jugar. Nada pasa con aquel “niño” es un cabo suelto que no se ata en la historia. La vida de la niña y su mascota continua, dormir en la noche y jugar en el día, eso es todo. La historia no llega a ninguna parte, solo a la canasta del gato donde ambos duermen. Es quizás la intención del autor en su libro no contar una historia, sino crear un mundo nuevo en el que las fantasías de los niños se convierten en realidad.


La sensación de ambigüedad que produce el texto está reforzada por el estilo de la ilustración que utiliza Smith. Todas las ilustraciones están llenas de granito, como una fotografía, pero que lejos de representar la realidad tal cual le da vida a un nuevo mundo de imaginación. El granito le quita definición a la imagen, la separa justamente de un registro fiel, “ensucia” la imagen, no la deja ver claramente, la oculta. Las ilustraciones también se caracterizan por no definir el contorno de las formas, así, los cuerpos de los animales y los niños se funden con el paisaje que los rodea, como si fueran uno solo sin distinción, tal parece ser que en ese mundo todo se mezcla, se funde. En cuanto al color predomina una paleta de tonos cálidos, mayormente el café, generando una sensación de abrigo y de confort que atrapan al lector casi en un sueño, donde sienta la comodidad de andar sobre el lomo de un gato, el placer de compartir ese mundo. Las imágenes abstraen el mundo de Las grandes mascotas de la realidad y lo sitúa sencillamente en el lugar de lo imposible, de lo mágico.

Tanto texto como imagen afirman la idea de lo no dicho, lo no visto. La narración deja abierto su sentido y no existe verdaderamente una historia, del otro lado las ilustraciones tienen poca definición por el grano y las figuras no tienen contorno. Es un libro-álbum con un final abierto para sus lectores, son ellos los que finalmente le dan el sentido con su interpretación. El libro funciona como provocador, busca que a través de la evocación el lector llene los “vacíos” que le presenta, es decir que se haga activo y participe no solo recibiendo algo sino construyendo el sentido mismo de la obra.  
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*Estudiante de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia en doble titulación con el programa de Cine y Televisión. Becada por la Cinemateca Distrital en la “Catedra Cinemateca Capítulo II: Éticas, estéticas y políticas del cine colombiano” y condecorada con mención de honor por su trabajo escrito “Representaciones de la mujer y su cuerpo en el cine colombiano a propósito de Dos mujeres y una vaca”.

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