Por: Diana Manuela Pardo Caicedo
Fantasmas elegantes y de mal gusto enredándose en lo cables de la luz; un fantasma esperando el cambio de semáforo para cruzar la calle, o tomando un vaso de limonada en una tarde calurosa, estas son algunas de las imágenes que nos presenta Jairo Buitrago en ¿Qué puedo decirte de los fantasmas? El autor deconstruye la imagen de los fantasmas, los naturaliza, los hace parte del cotidiano, eliminando el tinte maligno y terrorífico que tienen en el imaginario popular. Las ilustraciones, hechas por el mismo autor, resultan atractivas para el lector, pues tienen la dosis de humor necesaria para ilustrar el universo del cuento. Para humanizar a estos seres, el autor nos muestra a un fantasma barriendo, dándose una ducha, leyendo un libro o usando gafas.

Según mi experiencia de lectura, uno de los problemas principales que tiene este libro es que, a pesar de darle personalidad y transformar la imagen del fantasma, todo se queda en ese propósito. Le presenté la historia a mi hermano Santiago, de 7 años, quien rió al ver las ilustraciones, lo cual evidencia al menos un primer impacto atractivo para el lector, sin embargo, su comentario final fue “¿pero qué es lo que le pasa al fantasma?”, lo que me hizo reafirmar mi percepción sobre libro. Parece una presentación de un universo en el que los fantasmas cohabitan con los humanos y viven igual que ellos, pero nada más. Al menos, no resulta evidente una historia con una tensión que envuelva a su personajes. Además, a pesar de que las imágenes resultan graciosas para el lector niño y adulto, la relación de complementariedad entre texto e imagen no va más allá. En conclusión ¿Qué puedo decirte de los fantasmas? es un libro que en un primer momento resulta atractivo y prometedor, pero que finalmente deja un “algo” que queda faltando en la construcción de la historia.

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