Por: Natalia Ramírez Reyes*

Miguel es un niño que en las noches no puede dormir porque oye tras la pared de su habitación unos ruidos insoportables, pero todo cambia lo noche que Miguel se enfrenta a esos terribles ruidos y los manda a callar. Entonces empieza a flotar por la habitación, sube y baja hasta aterrizar en una masa de pastel que está en la cocina. De pronto tres pasteleros confunden al niño con la leche y empiezan a mezclarlo con la masa. Miguel tendrá que convencerlos de que es solo un niño.

El mundo de los sueños cobra vida una vez más en la historia de Sendak como en su libro Donde viven los monstruos (1964). En esta ocasión la cocina se convierte en la ciudad de Nueva York de los años 30 donde los frascos y cajas de alimentos son edificios, allí todas las noches tres pasteleros preparan un sabroso pastel. Miguel quien al principio del libro está muy molesto por no poder dormir y luego se enfada más cuando intentan cocinarlo se ira sumergiendo poco a poco en este mundo de sueño y fantasía. Finalmente disfruta de la cocina de noche y se convierte en piloto, cocinero y hasta gallo antes de volver a su cama. Maurice Sendak explora a profundidad la niñez como un estado de formación del ser, donde la imaginación, la fantasía y los sueños tienen un papel fundamental porque le permiten al niño jugar e interpretar la vida a través del juego.

El libro evoca diferentes sentidos de interpretación, son múltiples y diversas las lecturas que se pueden tener de él, como en los sueños, que activan al lector y le proponen entrar en el juego. Hay quienes lo interpretan como una dura y sutil crítica contra el holocausto judío por el origen del autor y el hecho de llevar literalmente personas al horno, en este caso por tres pasteleros regordetes con un bigote hitleriano. Otros lo han visto como una aceptación y enunciación de la sensualidad y sexualidad en la infancia en el proceso de construcción de identidad del niño en relación con su cuerpo, por cierto un tema muchas veces tabú. Lo magnifico de este libro-álbum es que permite estas lecturas y muchas otras a la vez –finalmente las anteriores son lecturas de adultos ¿Qué sentido tendrá para los niños?-. El sentido que pueda provocar La cocina de noche en el lector no depende solo de la historia narrada, en el libro imagen y palabra la van muy bien, cada una aporta de manera significativa para la construcción de la historia, lo que no se dice en palabras está presente explícita o implícitamente en la imagen y viceversa, ambas se complementa en un fluir.

 Las ilustraciones recrean la estética del comic, están enmarcadas en viñetas que se suceden unas a otras en un orden cronológico donde se capturan imágenes fijas que dan cuenta del movimiento de la acción. Los diálogos se presentan en bocadillos o globos. La palabra también tiene una dimensión física acentuada en el libro, todo el texto está escrito en mayúscula y hay ciertas palabras enfatizadas en el tamaño y grosor de la letra que le ofrecen al lector un tono de voz. La disposición de las ilustraciones en la hoja en blanco redondea el sentido de la historia, pues bien al principio del libro las viñetas solo ocupan un poco más de la mitad y el resto permanece vacío, a medida que Miguel se sumerge en el sueño las viñetas se amplían y ocupan la hoja, la fantasía se ha apropiado de la realidad, hasta llegar a desbordarla rompiendo el límite de las viñetas. Los personajes y algunos de sus objetos también escapan a los límites de las viñetas, pues se salen de las líneas, se sobreponen a ellas como queriendo salir de las páginas y cobrar vida, con esta técnica el lector siente más cercanos a los personajes que parece que se asomaran por una ventana y les hablaran como a vecinos.   

La cocina de noche ofrece una experiencia íntima a su lector no solo por la cercanía que le produce, también por la historia mínima que nos narra, tan particular como los sueños mismos de Miguel, sumergidos en esa pequeña cocina que cobra vida en la noche. Desde el inicio y hasta el final el lector entra en un mundo de sueños con una vitalidad abarcadora que provoca leerlo una y otra vez, una y otra y una y otra vez. 

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*Estudiante de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia en doble titulación con el programa de Cine y Televisión. Becada por la Cinemateca Distrital en la “Catedra Cinemateca Capítulo II: Éticas, estéticas y políticas del cine colombiano” y condecorada con mención de honor por su trabajo escrito “Representaciones de la mujer y su cuerpo en el cine colombiano a propósito de Dos mujeres y una vaca”.

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