Por: Johan Manuel Chamorro Cifuentes
¿Están los acontecimientos históricos desligados de la literatura infantil? ¿Los niños se encuentran en condiciones de entrar en una literatura que hable de la Historia —esa misma, en mayúscula— o debemos resignarnos a presentarles historias fantásticas?

La tragedia de Armero es el escenario del libro El niño de barro de Mónica Acebedo. Se trata del testimonio de Amalia, una niña que vive todos los momentos de la catástrofe, desde el pánico producto de la histeria colectiva hasta el dolor de perderlo todo. Es una historia que incomoda al lector adulto y que puede tomar desprevenido incluso al que no conoce la tragedia. La inocencia de Amalia se irá transformando a medida que pase el tiempo, hasta comprender que su vida se ha partido en dos. Los comportamientos incomprensibles de los adultos que la rodean, la imposibilidad de volver a su hogar y la ausencia de sus padres y hermanos serán los fantasmas que la acompañen. “El niño de barro”, ese personaje que extiende los brazos hacía ella en sus sueños, es el que terminará causándole pesadillas casi a diario y encerrará un misterio para Amalia. No hay un lugar para la niña, se siente incómoda con el mundo y desea volver al pasado.

En una segunda parte del libro se buscará mostrar otras perspectivas de la tragedia: la del perro de Amalia y la de su hermano Rogelio. En la primera perspectiva, Acebedo parece dejar de lado la razón y mostrarnos un enfoque desesperado, sin orientación alguna. El perro de Amalia busca sin parar a los sobrevivientes como lo haría una persona con sus seres queridos, siente la angustia de los que los rodean, una angustia colectiva que le transmite al lector. En la otra perspectiva, titulada “una familia de mentiras”, Rogelio narra su vida posterior a los acontecimientos, dado que el niño vive ahora en el extranjero, con una familia que siente extraña. Se traza en este punto un paralelo entre ambos hermanos alejados por la distancia: ambos están anclados al pasado, a la tristeza de una niña perdida por la tragedia. El barro no solo se llevó su casa sino también sus recuerdos, su inocencia.

Aunque el libro aparece con el rótulo de ilustrado por Edwin Sanabria, el hecho es que solo cuenta con 4 ilustraciones que están desligadas de la historia y que no aportan ni complementan la narración.
El niño de barro es una apuesta por una literatura infantil que no le huye a los hechos históricos como material de la anécdota y que cree que los niños y jóvenes pueden acercarse a estos acontecimientos a través de un personaje como Amalia. La pregunta de hasta qué punto un niño puede conectarse con la historia queda en el aire, sin embargo, creo que un libro con estas características sí puede incentivar a que la población infantil se pregunte, así sea por mera curiosidad, sobre los acontecimientos de Armero. Acebedo pretende realizar tanto un proceso de memoria histórica como una identificación nacional en la tragedia. A través del personaje Amalia, de su inocencia, el lector reconoce aspectos que la historia oficial de la tragedia ha omitido: la completa falta de planeación para una emergencia por parte de los gobernantes, la desinformación que experimentaron los sobrevivientes y el problema de los niños desaparecidos.
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*Autora: Mónica Acebedo
Ilustrado por Edwin Sanabria
Casa Nabú
2015

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